lunes, 30 de junio de 2014

A.M.P. PSICÓLOGOS : LA VUELTA AL COLE "CON BUEN PIE"









El inicio del curso supone un momento muy importante en la vida de niños y padres. Implica un cambio, una evolución y una ruptura con el curso anterior. Así como a nivel académico se plantean nuevos retos y objetivos que potencian la adquisición de habilidades más complejas, a otros niveles educacionales, es interesante también promover avances.
En casa, es importante adaptar el nivel de exigencias de los padres a las posibilidades y destrezas de cada niño, así como a lo esperado a su edad. Un estilo de crianza basado en la exigencia positiva considera que los padres deben tener en cuenta las capacidades del niño y ayudarle a ser cada vez más autónomo y a afrontar nuevas situaciones como parte normal de su crecimiento. En este aspecto, no hay que olvidar ser tolerantes con los fracasos propios de todo proceso de aprendizaje al inicio y animar a nuestros hijos a desarrollar iniciativas. Por ejemplo, si este año le invitan por primera vez a dormir a casa de un amigo, le dejaremos ir aunque sepamos que tendremos que ir a buscarlo a mitad de la noche, o le dejaremos ducharse solo, aunque sepamos que tendremos que volver a aclararle la cabeza.
 Por lo que respecta al estudio, que suele ser una preocupación importante para padres, lo fundamental es crear unos hábitos. Este objetivo debe plantearse como algo progresivo, por lo que se partirá de unos mínimos que se irán incrementando poco a poco a medida que las semanas y el nivel de exigencia de curso vayan avanzando.
Es conveniente centrarse en establecer unos horarios y unas rutinas fijas, es decir, unas horas de inicio y de finalización estables y, a ser posible, todos los días igual. El niño aprende a organizarse mejor si se le presenta una  secuencia de actividades (por ejemplo, sentarse a hacer las tareas después de merendar) que siguiendo sólo las horas del reloj. Es importante tomar conciencia que el objetivo no es tanto ayudarle concretamente en las tareas, sino enseñarle a ser autónomo y que se pueda organizar solo.
Desde el principio, y sobre todo en casos de dificultad y con profesores nuevos, los padres deben estar bien informados de todo lo relacionado con el centro escolar de sus hijos. No sólo en relación con las notas, sino también en lo referente a sus relaciones con compañeros o profesores.
En la planificación de las actividades que van a realizar los niños durante el curso, nos gustaría hacer espacial hincapié en la importancia de la actividad física. Existen estudios que ponen de manifiesto la relación entre la práctica del deporte de los menores y su mayor fortaleza psicológica, lo que conlleva un mejor manejo de la ansiedad y el estrés. En esta línea, el deporte supone una válvula de escape en la rutina de las obligaciones, por no hablar de los claros beneficios que tiene para la salud y el desarrollo, no sólo físico, sino también socio-afectivo.
En resumen, animamos a plantear el nuevo curso como una nueva etapa en la que se puede promover en nuestros hijos el aprendizaje de nuevas habilidades y destrezas que los ayuden a convertirse de hecho en un poco más “mayores”.
Magdalena Sáenz Valls
Alicia Martín Pérez
AMP Psicólogos Aranjuez
www.psicologosaranjuez.com






miércoles, 18 de junio de 2014

Vacaciones, adolescencia y límites

La llegada de las vacaciones de verano supone una alteración importante en las rutinas familiares, el ritmo de vida cambia, las obligaciones a las que tienen que hacer frente los hijos se reducen drásticamente y aumentan las posibilidades de ocio y los planes con amigos.

Ante esta situación, es frecuente que surjan dificultades tanto por parte de los padres, como por el lado de los hijos. En los padres surgen dudas sobre cómo gestionar el grado de libertad que otorgan a sus hijos, y en los hijos surgen problemas para tolerar la frustración de sentirse limitados por sus padres.

En general, es muy frecuente que padres e hijos adolescentes encuentren complicado el llegar a acuerdos cuando aparecen posturas diferentes en torno a temas importantes para ambas partes. Es posible que las dificultades se deban a dudas en torno al funcionamiento psicológico de los jóvenes, y a las decisiones más oportunas y que mejor garantizan la armonía familiar y el logro de los objetivos educativos de los padres.

La adolescencia es una etapa caracterizada por la búsqueda por parte del individuo de una identidad personal, propia y separada de la de los demás, que le prepare para dar respuesta a futuras obligaciones y responsabilidades. Para ellos, esta etapa es por una parte estimulante porque les brinda sensación de libertad, pero por otra les asusta y necesitan que alguien les oriente y les diga qué es lo que más le conviene y por qué.

Una idea muy importante es que lo que en general molesta más a los adolescentes no es tanto el límite como la imposición del mismo a la fuerza: “Soy tu padre, y aquí mando yo.” Ante la orden, el deseo de autonomía que todo adolescente lleva consigo actúa de resorte.

Por ello, es interesante tener algunas nociones que ayuden a plantear las situaciones de conflicto en términos de negociación. No hay que olvidar que nuestro hijo está creciendo y tiene derecho a participar en todo lo que atañe a su vida. Es lógico que, ante los límites de sus padres sienta algo de frustración y la manifieste. Los padres no tienen por qué doblegarse ante sus comentarios, pero pueden admitir que el adolescente necesita expresarlo.

En términos generales, podrían tenerse como referencia las siguientes ideas para una negociación con un hijo adolescente:

  • Es muy importante que dejemos claro, con tono tranquilo, cuál es nuestra postura ante la situación. Por ejemplo, podríamos considerar justo ampliar el horario de llegar a casa durante el verano, siempre dentro de unos límites.
  • El límite en estos casos ha de quedar perfectamente claro, y padre y madre han de coincidir en su determinación.
  • Insistir en la oferta de negociación, con frases en primera persona, preguntando directamente qué le parece, si le parece justo o si lo comprende.
  • Escuchar sus planteamientos es muy importante. Aunque nos resulte complicado, hay que tener en cuenta que nuestra baza más potente es la capacidad para empatizar con nuestro hijo. Esto significa ponernos en su lugar, hacerle saber que le hemos entendido. Se pueden utilizar frases del tipo: “si no te he entendido mal...”, “entonces lo que me quieres decir es...”, y frases en las que demuestre que es consciente de cómo se siente: “pienso que estás enfadado, preocupado, triste...”, “entiendo que te sientas así…”.
  • Tener presente que el acuerdo es nuestro principal objetivo, hacérselo saber a nuestro hijo.
  • Ignorar las quejas no razonables y seguir en nuestro empeño. Es muy importante tratar de no entrar en el juego de las discusiones.
  • Si llega el acuerdo, haremos un resumen claro y breve de lo que esperamos de él o ella y nos aseguraremos de que está todo claro.



A modo de conclusión, diríamos que es sano que los adolescentes vayan participando en las decisiones que les atañen, sin que ello suponga un menoscabo en la autoridad y responsabilidad de los padres.

En el ejercicio de esa autoridad, se obtienen mejores resultados cuando, en lugar de imponer, se llega a acuerdos parciales. Si les imponemos, probablemente nos desafiarán. Negociar implica reflexionar, admitir errores, reconocer la parte de razón del otro... se trata de ofrecer un ejemplo adecuado al adolescente sobre cómo resolver los problemas, ya sean fuera o dentro de casa.





Magdalena Sáenz Valls
Alicia Martín Pérez
AMP Psicólogos Aranjuez