miércoles, 9 de enero de 2013

CLAVES PARA EL OPTIMISMO


El optimismo se define como la tendencia o capacidad para creer que uno obtendrá buenos resultados en la vida, anticipando las consecuencias positivas. Constituye un estilo cognitivo-afectivo relacionado con el modo en que un sujeto procesa la información relacionada con el futuro.
Martin Seligman, uno de los investigadores que más está aportando a la denominada Psicología Positiva, señala: “la vida causa los mismos contratiempos y las mismas tragedias tanto a optimistas como a pesimistas, pero los primeros saben afrontarlo mejor”. Además, la propia forma de enfrentarse a las circunstancias favorece formas de actuación beneficiosas para la persona, consiguiendo mayor éxito en las distintas áreas de la vida.
El optimismo favorece que la vida resulte más satisfactoria, que se aspire a objetivos vitales relevantes y que se desarrollen recursos para alcanzarlos, resulta una fuente importante de motivación, podríamos decir que tiene un efecto “inmunizador”, convirtiéndose en un elemento beneficioso de nuestra salud física y psicológica.
Las personas optimistas tienden a establecer relaciones sociales más sólidas, recibiendo y prestando ayuda cuando se necesita, promoviéndose un mayor sentimiento de pertenencia.
El pensamiento optimista se caracteriza por: recordar, con mayor frecuencia e intensidad, los acontecimientos felices del pasado, relativizando la importancia de los negativos y seleccionar la información actual de manera beneficiosa para la persona.
¿Qué nos puede ayudar a ser más optimistas?:
·   Dedicar tiempo a cultivar pensamientos agradables, buscando fórmulas que faciliten el recuerdo de acontecimientos positivos, parándonos a disfrutar de momentos agradables por pequeños que sean, dejando de lado las preocupaciones y saboreando por anticipado cualquier evento futuro que pueda resultar gratificante.

·       Identificar aquellas cosas que sabemos hacer y las repercusiones positivas que tiene nuestro comportamiento en los demás.

·       Emprender proyectos tratando de centrar nuestro pensamiento en lo que vamos a conseguir, valorando nuestras capacidades, si resulta difícil podemos preguntarle a alguien en quien confiemos, seguramente nos dará una visión más positiva de nosotros mismos que la que tenemos.

·       Tratar de buscar interpretaciones útiles que nos permitan actuar de forma adaptada.

·     Aprender a atrapar las cosas que ocurren a nuestro alrededor y que pueden aumentar nuestro nivel de satisfacción.

·     Utilizar el pensamiento de forma positiva, buscando soluciones y si le damos demasiadas vueltas a un problema, sentémonos, dediquemos un tiempo a escribir sobre ello identificando pensamientos catastrofistas y vías de solución, dejemos los pensamientos en el papel y podemos volver a ellos en los momentos de reflexión no de “rumiación”.

·      Decidir cuánto queremos dedicarle a aquellas cosas que a lo mejor no tienen demasiada importancia pero que rondan por nuestra cabeza continuamente.

·       Identificar nuestras fortalezas y ponerlas en acción.

·     Intentar buscar, todos los días y acerca de la mayoría de las situaciones, algún aspecto positivo, un aprendizaje, …

·       Si algo resulta costoso, valorar la importancia que tiene, intentar aprender aquello que necesitamos para superarlo o abandonarlo si descubrimos que no es algo relevante. Pero si algo nos importa, no nos demos por vencidos, perseveremos.

·       Generar expectativas positivas a cerca de nuestros actos sin esperar que los demás se comporten como nosotros lo haríamos.

·       Reducir las quejas, generan malestar y no ayudan a encontrar soluciones.
Propongo elegir alguna de esta estrategia y practicarla a conciencia durante una semana, ir añadiendo nuevas estrategias cada dos o tres semanas.
AMP PSICÓLGOS
Alicia Martín Pérez
Psicóloga clínica
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