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miércoles, 9 de febrero de 2022

AUMENTAR LA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN. UNA BUENA INVERSIÓN

 

La frustración es un estado emocional que aparece en nosotros cuando nos encontramos con obstáculos al intentar conseguir lo que queremos, cuando nuestros deseos no se cumplen, cuando nuestros esfuerzos no dan los resultados que esperamos. Tiene que ver con cuestiones que nos exigimos a nosotros mismos, a los demás o al funcionamiento del mundo en general.

La podemos identificar por un conjunto de molestias físicas y una serie de pensamientos que alimentan esas sensaciones. Resulta adaptativa en la medida que puede generar recursos para resolver los inconvenientes que inevitablemente nos vamos a encontrar en la vida, pero puede resultar muy dolorosa cando nos bloquea y se convierte en sufrimiento. Puede venir acompañada de rabia o tristeza. Puede hacernos sentir inútiles o fracasados, inferiores, impotentes, o ver a los demás como incompetentes o malintencionados.

Tolerar la frustración significa ser capaz de afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que puedan causarnos.

La baja tolerancia a la frustración está relacionada con patrones de crianza muy permisivos en los que padres y educadores se adelantan a los deseos de los niños, les facilitan excesivamente las cosas y tratan de evitarles cualquier tipo de malestar. Así, aprenden que todo tiene que estar siempre a su disposición, que no es bueno esperar un poco, o que se puede tener o hacer siempre lo que uno quiere. De alguna manera, tratar de evitar cualquier pequeño malestar en los niños puede acarrear grandes sufrimientos en la edad adulta.

Aumentar nuestra tolerancia a la frustración puede suponer una mejora significativa en nuestra percepción de satisfacción con la vida. Para ello te invitamos a seguir una serie de recomendaciones.

·      LA ACEPTACIÓN. Quizá sea realmente la clave para mejorarnos en este aspecto. Aceptar que tenemos limitaciones y que por muchos que nos empeñemos o por muy injusto que nos parezca, “las cosas son somo son”.

·      DARNOS CUENTA. Cada uno de nosotros responde con frustración a eventos diferentes.

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Toma conciencia de a qué tipo de situaciones eres más vulnerable y aprende a generar expectativas más realistas. Ante todo, pregúntate si la situación es tan grave como para merecer el grado de malestar que te genera.

·         A veces las situaciones tienen que ver con uno mismo, con aspectos personales que creemos que deberían gustarnos o favorecernos más. Analiza si realmente puedes hacer algo para mejorarlo y si estás dispuesto a poner el empeño que se necesite. Si eres realista y puedes cambiarlo, ¡ánimo!, si lo consigues reducirás tu frustración. Pero si no es realista esperar que verdaderamente se produzca un cambio, es mejor que te centres en gestionar mejor tu estado emocional.

·         En otros casos se trata de actitudes de los demás, o de circunstancias de la vida que no funcionan como crees que debería ser. Puedes hacerte las mismas preguntas y valorar si está en tu mano promover los cambios que consideras oportunos. 

·      OBSERVA TUS REACCIONES. Párate un momento, trata de notar lo que te está pasando. Comienza por identificar las sensaciones que sientes en el cuerpo y localiza donde las sientes. Puedes decirte “siento presión en el pecho”, “en este momento, estoy sintiendo ganas de gritar”. También puedes tratar de poner un nombre adecuado a las emociones o sentimientos que se están activando, “en este momento siento rabia, o tristeza”. Poner nombre a lo que sientes es un buen paso para regularte mejor.

·     

 En segundo lugar, pregúntate si te merece la pena seguir alimentando todo ese torbellino y date cuenta de tus pensamientos. Si decides que si, puedes hacerlo seguir en el bucle, también tienes derecho a sentirte frustrado. Pero si decides que no merece la pena:

-Lleva tu atención a la respiración, realiza unas cuantas respiraciones profundas y atentas, busca la mejor manera de conectar con un espacio de calma interna. Las emociones, si no las alimentas duran poco.

Estas son unas sencillas sugerencias que pueden ser muy útiles para manejar la frustración. Te invitamos a que las pongas en práctica, ya sabes todo se aprende si se practica.

 

Alicia Martín Pérez. Psicóloga Clínica.

AMP Psicólogos   www.psicologosaranjuez.com




miércoles, 19 de agosto de 2020

ABRE TU MENTE

 

    Nuestros conocimientos, experiencias, pensamientos nos generan una cierta sensación de seguridad, de transitar por terreno conocido. Nos permiten resolver muchas cuestiones de manera rápida y eficaz, pero a la vez nos lleva a interpretar nuestras circunstancias vitales y actuar de forma rígida. Así, supone un gran paraguas de ayuda y resolución a la vez que un corsé que dificulta soluciones creativas e incluso nuevos aprendizajes.

Por ello es importante que nos permitamos observar la realidad desde distintos ángulos, escuchar opiniones diferentes de la nuestra, explorar en lugar de buscar la confirmación de nuestras creencias.

Abrir la mente supone ganar en flexibilidad, liberarnos de estereotipos, de patrones aprendidos (a veces sin ningún criterio evaluativo) y encontrar soluciones creativas.

Podemos proponernos facilitar la apertura mental desde distintos ángulos:

·      En relación con uno mismo:

o    Aprende a contemplar tus emociones, sensaciones y pensamientos de manera honesta, no los evites. Pregúntate de vez en cuando si tus ideas o el modo que tienes de afrontar distintas situaciones es el más adecuado o puede haber otras alternativas.

o    Cambia alguna rutina y realiza de manera diferente alguna de tus tareas más frecuentes, como el orden que sigues al levantarte, acostarte o al comer.

o    Utiliza, en ocasiones, alguna prenda que no se corresponda con tu estilo.

o    Lee, ve una película, visita un museo, una ciudad, degusta alguna comida, que no responda a lo que estás habituado.

o    Proponte desarrollar una nueva habilidad, como cocinar, coser o aprender un idioma.

·      En relación con los demás:

o  La próxima vez que te veas debatiendo una idea, dedica más atención a lo que dice tu interlocutor, explora cómo ha llegado a sus conclusiones, pregunta y deja que sus argumentos reposen unos momentos en tu mente. Centra su atención en la escucha, en vez de, como nos ocurre frecuentemente, estar pensando en tus propios argumentos para hacer una réplica.

o  Entabla relación con personas distintas a ti, que se dediquen a otras profesiones, de otras nacionalidades, con otras inquietudes sociales o intelectuales.

o  Haz algo que se salga de los patrones que tienes establecidos con las personas que conoces.

·     
En relación con el mundo o las circunstancias:

o  Acepta experiencias que te saquen de tu zona de comodidad y te expongan a una realidad más amplia. En un primer momento puede resultar costoso o desconcertante, pero vale la pena. Tal vez, más allá de los límites de nuestro mundo se encuentran posibilidades y oportunidades que pueden enriquecer nuestras vidas.

o  Utiliza rutas distintas en tus desplazamientos cotidianos.

o  Interésate por otras culturas u otros momentos históricos.

o  Acércate a conocer personajes históricos que hayan hecho aportaciones a la humanidad.

o  Utiliza diferentes fuentes para estar informado.

     La rapidez con que se producen los cambios en nuestra sociedad supone que hemos de estar realizando reajustes continuamente. Solo entrenando nuestra apertura mental podremos adaptarnos y disfrutar de todo lo que tenemos a nuestro alrededor, de lo contrario quedaremos obsoletos.

domingo, 9 de febrero de 2020

LA ENVIDIA


La envidia es un sentimiento de tristeza o enfado que experimentamos al contemplar que no tenemos algo que otro posee, bien sea una cualidad personal (como inteligencia, atractivo), algo tangible (bienes materiales) o intangible (como suerte, amor) y que nos resulta deseable.

Este sentimiento es natural en el ser humano, ¿quién no lo ha sentido alguna vez?. Una envidia benigna puede ser fuente de mejora personal, pero puede llegar a resultar muy dañina y, sobre todo, una fuente de sufrimiento absurdo. Permitir que la envidia llegue a esos extremos es una buena manera de torturarnos y supone un gran obstáculo para mantener relaciones sanas con los demás. 

El envidioso se compara con otras personas, apreciando ser o tener menos que ellas. Lo que ocurre es que esta comparación suele ser injusta, ya que en muchos casos surge al valorar lo propio con una escala muy exigente, en la que todo resulta poco valioso, a la vez que generaliza pensando que lo que tienen o les ocurre a los demás es estupendo o injustamente logrado.

Asimismo, no es infrecuente que aparezcan deseos o fantasías de daño hacia el otro.
Además de lo corrosiva que la envidia puede llegar a ser, supone un desplazamiento de la atención, en donde la persona, en lugar de cuidarse y buscar su propio bienestar, está continuamente pendiente de los demás, lo que provoca que le resulte más difícil avanzar y disfrutar de la vida.

Pero, ¿podemos hacer algo para que la envidia no nos atrape?. Os propongo algunas sugerencias

  •  Acepta y entiende tus emociones, pero evita instalarte en aquellas malsanas.
  •  
  • Recuerda que el ser humano imperfecto que eres y procura que estos sentimientos no te sirvan de guía.
  • Mantente orientado en tus valores, aunque a veces surjan emociones que te lo pongan difícil.Aprende a valorar lo que tienes. Tu mundo es tan rico como quieras apreciar. Saber valorar las pequeñas o las grandes cosas que la vida nos depara es un gran antídoto.
  • Acepta que todo el mundo tiene derecho a ser feliz. Que los demás lo sean, que consigan o tengan lo que quieren forma parte de la vida.

  • Reflexiona. Que otro sea afortunado no supone que tú pierdas nada.

  • Cuando te des cuenta que aparece esta emoción, párate un momento y respira, cálmate, pon intención en que se disipe.

 Si, por el contrario, lo que nos ocurre es que hemos de lidiar con alguien especialmente envidioso, podemos:

  •   Tratar de cultivar la empatía, entendiendo que el envidioso verdaderamente lo pasa mal.

  •  Evitar confundir su actitud con su persona. Aunque nos pueda desagradar lo que haga o determinadas reacciones, la persona es más que lo que siente o hace.

  • Intentar compartir nuestras alegrías, aprendiendo a desatender determinadas reacciones.

  •   Comunicar serenamente nuestra incomodidad ante determinadas conductas.


“La envidia es una declaración de inferioridad”. Bonaparte



Alicia Martín Pérez. Psicóloga Clínica
AMP PSICÓLOGOS. www.psicologosaranjuez.com