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lunes, 28 de agosto de 2023

MANEJAR LA INCERTIDUMBRE

 

Podríamos definir la incertidumbre como la falta de certeza o confianza sobre algo futuro que genera sensaciones como la inquietud, el miedo, la inseguridad y la ansiedad.

Nuestro cerebro necesita tener una sensación de continuidad, como un hilo que pueda unir el pasado con el presente y el futuro, necesitamos sentir que lo que nos espera en el futuro será conforme a nuestros intereses y que no nos dañará. Es como una especie de equilibrio, que cuando se rompe puede generar gran malestar.

La percepción que tenemos sobre nuestra capacidad para influir en lo que está por venir varía mucho de unas personas a otras. En un extremo estarían aquellos más orientados a posiciones deterministas, es decir, los que creen que todo fenómeno está prefijado y que ninguno de los actos de nuestra voluntad es libre, sino que todo está preestablecido. Asimismo, otras personas pueden tener la sensación de que todo es producto del azar. En ambos casos pueden aparecer dos patrones diferentes:

-los que piensan “como nada depende de mi” vivo tranquilo y lo que tenga que ser será.

-los que adoptan la actitud “nada de lo que haga puede ayudarme a orientar mi vida” lo cual me llena de angustia.

            En el otro extremo estarían aquellos que piensan que lo que ocurra es 100% resultado de sus acciones, que tienen la capacidad (si lo hacen suficientemente bien) de atar el futuro. En este caso también podemos encontrar dos patrones:

-aquellos que confían en valorar adecuadamente las circunstancias y tomar las decisiones oportunas.

-aquellos que caen presos de la necesidad de control, que los lleva a buscar la solución correcta y exacta. Es en estos casos en los que la incertidumbre y su intento de reducirla se puede convertir en una tortura.

           

Cuando el cerebro percibe incertidumbre trata de hacer algo para reducirla, según sean nuestros patrones predominantes seremos más hábiles en aquietar el malestar o incurriremos en patrones que aparentemente van a conseguir los resultados deseados pero que en realidad generan mas dolor. Los más comunes son: pensar y darle vueltas a las cosas más allá de lo necesario, convertir en monotema el motivo de inquietud o preocupación, evitar tomar decisiones, enredarse en patrones complejos e innecesarios para buscar la seguridad, entre otros.

            Lo cierto, es que no podemos hacer nada para asegurarnos de tener el control absoluto de nuestras vidas, podemos pensar las cosas, analizarlas, poner en marcha acciones coherentes con nuestros objetivos y capacidades, pero siempre hemos de asumir un riesgo.

            Os invito a reflexionar sobre algunas recomendaciones para lidiar con la incertidumbre:

-Tomar conciencia y aceptar la realidad de que no podemos controlar todas las cosas.

-Aprender a identificar las emociones asociadas a esas situaciones estableciendo un diálogo interno que nos permita describir como nos sentimos, que es lo que nos da miedo.

-Identificar lo que si depende de nosotros. Centrarnos en lo que sí está en nuestra mano.

-Comenzar a asumir pequeños riesgos, en donde tomemos opciones dejando que haya cosas al azar.

-Puede ser útil guiarse por el siguiente plan:

1.    Toma un cuaderno y escribe el motivo de tu preocupación, describiendo lo que quieres, lo que te preocupa.

2.    Proponte dedicar 15 minutos diarios durante una semana a realizar todas las reflexiones que necesites por escrito y solo de este modo.

3.    Identifica posibles alternativas, puedes escribir pros y contras.

4.    Si lo necesitas, consulta con algún experto sobre el tema, o con alguien que te conozca para ver si puede orientarte, pero evita hablar continuamente del tema o recurrir a múltiples interlocutores.

5.    Al cabo de una semana de realizar este ejercicio tendrás información suficiente para manejar aquello que te inquieta. Si no ves una opción clara, quiere decir que todas o varias de las opciones propuestas son igualmente válidas, puedes tomar cualquiera de ellas.

6.    Utiliza durante el proceso algún recurso para calmar la emoción. Puedes practicar alguna estrategia de relajación o meditación, o buscar formas de calma que para ti sean naturales.

Recuerda la incertidumbre tiene que ver con dos aspectos: lo que hemos de decidir o como poder plantear alguna estrategia para influir en los acontecimientos y cómo regular las emociones que nos genera el afrontar el futuro incierto. En ocasiones, podremos actuar y ejercer un cierto control sobre las cosas, pero resulta fundamental que encontremos formas adecuadas de regular los estados emocionales.

Gracias por leerme.

 

 

 

Alicia Martín Pérez. Psicóloga Clínica

                                                                      AMP Psicólogos www.psicologosaranjuez.com

miércoles, 9 de febrero de 2022

AUMENTAR LA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN. UNA BUENA INVERSIÓN

 

La frustración es un estado emocional que aparece en nosotros cuando nos encontramos con obstáculos al intentar conseguir lo que queremos, cuando nuestros deseos no se cumplen, cuando nuestros esfuerzos no dan los resultados que esperamos. Tiene que ver con cuestiones que nos exigimos a nosotros mismos, a los demás o al funcionamiento del mundo en general.

La podemos identificar por un conjunto de molestias físicas y una serie de pensamientos que alimentan esas sensaciones. Resulta adaptativa en la medida que puede generar recursos para resolver los inconvenientes que inevitablemente nos vamos a encontrar en la vida, pero puede resultar muy dolorosa cando nos bloquea y se convierte en sufrimiento. Puede venir acompañada de rabia o tristeza. Puede hacernos sentir inútiles o fracasados, inferiores, impotentes, o ver a los demás como incompetentes o malintencionados.

Tolerar la frustración significa ser capaz de afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que puedan causarnos.

La baja tolerancia a la frustración está relacionada con patrones de crianza muy permisivos en los que padres y educadores se adelantan a los deseos de los niños, les facilitan excesivamente las cosas y tratan de evitarles cualquier tipo de malestar. Así, aprenden que todo tiene que estar siempre a su disposición, que no es bueno esperar un poco, o que se puede tener o hacer siempre lo que uno quiere. De alguna manera, tratar de evitar cualquier pequeño malestar en los niños puede acarrear grandes sufrimientos en la edad adulta.

Aumentar nuestra tolerancia a la frustración puede suponer una mejora significativa en nuestra percepción de satisfacción con la vida. Para ello te invitamos a seguir una serie de recomendaciones.

·      LA ACEPTACIÓN. Quizá sea realmente la clave para mejorarnos en este aspecto. Aceptar que tenemos limitaciones y que por muchos que nos empeñemos o por muy injusto que nos parezca, “las cosas son somo son”.

·      DARNOS CUENTA. Cada uno de nosotros responde con frustración a eventos diferentes.

·        

Toma conciencia de a qué tipo de situaciones eres más vulnerable y aprende a generar expectativas más realistas. Ante todo, pregúntate si la situación es tan grave como para merecer el grado de malestar que te genera.

·         A veces las situaciones tienen que ver con uno mismo, con aspectos personales que creemos que deberían gustarnos o favorecernos más. Analiza si realmente puedes hacer algo para mejorarlo y si estás dispuesto a poner el empeño que se necesite. Si eres realista y puedes cambiarlo, ¡ánimo!, si lo consigues reducirás tu frustración. Pero si no es realista esperar que verdaderamente se produzca un cambio, es mejor que te centres en gestionar mejor tu estado emocional.

·         En otros casos se trata de actitudes de los demás, o de circunstancias de la vida que no funcionan como crees que debería ser. Puedes hacerte las mismas preguntas y valorar si está en tu mano promover los cambios que consideras oportunos. 

·      OBSERVA TUS REACCIONES. Párate un momento, trata de notar lo que te está pasando. Comienza por identificar las sensaciones que sientes en el cuerpo y localiza donde las sientes. Puedes decirte “siento presión en el pecho”, “en este momento, estoy sintiendo ganas de gritar”. También puedes tratar de poner un nombre adecuado a las emociones o sentimientos que se están activando, “en este momento siento rabia, o tristeza”. Poner nombre a lo que sientes es un buen paso para regularte mejor.

·     

 En segundo lugar, pregúntate si te merece la pena seguir alimentando todo ese torbellino y date cuenta de tus pensamientos. Si decides que si, puedes hacerlo seguir en el bucle, también tienes derecho a sentirte frustrado. Pero si decides que no merece la pena:

-Lleva tu atención a la respiración, realiza unas cuantas respiraciones profundas y atentas, busca la mejor manera de conectar con un espacio de calma interna. Las emociones, si no las alimentas duran poco.

Estas son unas sencillas sugerencias que pueden ser muy útiles para manejar la frustración. Te invitamos a que las pongas en práctica, ya sabes todo se aprende si se practica.

 

Alicia Martín Pérez. Psicóloga Clínica.

AMP Psicólogos   www.psicologosaranjuez.com




miércoles, 8 de diciembre de 2021

CUIDA TU MENTE


CUIDA TU MENTE

La mente es el conjunto de capacidades cognitivas que engloban procesos como la percepción, el pensamiento, la conciencia, la memoria, la imaginación, etc. Es el resultado de la actividad del cerebro, que aunque todavía es un gran desconocido para la ciencia, existen evidencias de cómo distintas áreas son responsables de las infinitas experiencias (cognitivas, físicas o emocionales), que sentimos.

           Es la que nos permite conocer, analizar, comprender, evaluar, tomar decisiones, en definitiva, es la que guía nuestro comportamiento, ya que en función de los resultados de la actividad mental actuamos de una u otra forma. Además, es la base de nuestro estado emocional, el contenido mental es el responsable de la regulación de nuestras emociones.

       Nuestra mente siempre está activa, aunque no nos demos cuenta, en parte de manera autónoma y en parte de modo guiado por nosotros. Conocer cómo funciona y desarrollar estrategias que nos ayuden a gestionar mejor su funcionamiento es clave para sentirnos bien.

       Mente y cuerpo están bidireccionalmente relacionados (“Mens sana in corpore sano”), el estado mental influye en el estado físico y viceversa, por lo que el cuidado físico es de vital importancia para mantener nuestra mente en estado óptimo. En este sentido es importante seguir las recomendaciones básicas de cuidado personal: hacer ejercicio con regularidad, mantener una dieta equilibrada, controlar los factores de riesgo cardiovascular, evitar hábitos nocivos, dormir bien, realizar actividades que mantengan la mente activa como leer, escribir, escuchar música,…

       Además, es importante cuidar el contenido mental. ¿Qué tipo de pensamientos tenemos?, ¿Somos conscientes de su contenido, de cómo aparecen los pensamientos o las sensaciones, de cómo se transforman o desaparecen?, ¿Nos damos cuenta de cómo influyen en nuestras emociones?. ¿Tenemos capacidad para regular nuestra mente, o más bien parece que siempre estamos divagando?. Os invito a poner en práctica algunas estrategias que pueden resultar clave en nuestro bienestar emocional:

·      Parar. Tomarse unos momentos para ubicarnos, darnos cuenta que estamos haciendo y elegir a que responder. Las demandas actuales pueden resultar abrumadoras, no podemos responder a todo, no es sano estar siempre en multitarea, hemos de elegir.

·      Darnos cuenta de donde está nuestra mente. ¿Está en el presente o suele estar en el pasado o el futuro?. La depresión está asociada a una mente en contínuo pasado y la ansiedad a una anticipación permanente del futuro. Guiar nuestra mente a que permanezca en presente, traerla a lo que estamos haciendo en cada momento independientemente de si es algo que nos agrada o no tanto, es clave para sentirnos bien.

·      Focalizar la atención. Llevar a cabo actividades que favorezcan que estemos concentrados, que propicien que nuestra mente esté centrada en lo que estamos haciendo en ese momento.


·      Identificar el contenido de los pensamientos, ¿son catastrofistas o están ajustados a la realidad?. Son muchas las ocasiones en que estamos alterados por lo que pensamos cuando en verdad la realidad no es tan alarmante. Aprende a cambiar los pensamientos cuando estos no sean de ayuda por otros más adaptativos, déjalos pasar y no les prestes tanta atención cuando no sean útiles. En realidad, si no les hacemos demasiado caso pasan de largo como la corriente de un río.

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      Respirar. La respiración siempre nos acompaña, pero además puede ser una estupenda estrategia para calmarnos, darnos un momento para ubicarnos, gestionar nuestros pensamientos y nuestras emociones. Practicar alguna técnica de meditación nos puede ayudar a calmar la mente.

·        Dedicar un tiempo al día a realizar alguna actividad que nos calme. Actividades tranquilas como pasear, escuchar música, leer, tener contacto con la naturaleza, disfrutar de un tiempo de descanso suficiente son claves para que el ritmo mental sea adecuado.



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